• Fármacos

    En muchas arritmias han pasado a un segundo plano gracias a la ablación

Los fármacos antiarrítmicos (FAA) constituyen un grupo heterogéneo de compuestos utilizados por su capacidad para terminar o prevenir los diferentes tipos de taquiarritmias o taquicardias. Con independencia de la arritmia que se vaya a tratar, los objetivos teóricos del tratamiento farmacológico deberían ser: a) el control de los síntomas relacionados con la arritmia (palpitaciones, síncope, dolor torácico, disnea, etc.), y b) mejorar la supervivencia o al menos no empeorarla. En general tienen una eficacia moderada y, en muchas ocasiones, un margen terapéutico estrecho. En algunos casos, pueden incluso resultar letales si no se usan con el adecuado conocimiento. Todo ello, junto con el gran desarrollo experimentado por las técnicas de ablación ha determinado que en muchas arritmias los fármacos hayan quedado relegados a un papel secundario. La selección del tratamiento está condicionada por el tipo de arritmia que se va a tratar y el perfil del paciente (especialmente, la presencia de cardiopatía de base). No existen fármacos para tratar las bradiarritmias o bradicardias por lo que en estos pacientes el tratamiento muchas veces implica el implante de un marcapasos definitivo.

Se clasifican en cuatro grupos según su mecanismo de acción principal:

  • Fármacos antiarrítmicos de clase I: son bloqueantes de los canales de sodio. Los más utilizados son la flecainida y la propafenona. Pueden ser muy peligrosos en pacientes con cardiopatía estructural, especialmente si tienen un infarto de miocardio previo o depresión de la función contráctil cardiaca.
  • Fármacos antiarrítmicos de clase II: son betabloqueantes. Los más utilizados son el atenolol, el propranolol, el metoprolol y el bisoprolol. Como antiarrítmicos son débiles. Destacan sus propiedades bradicardizantes sobre el nodo sinusal y auriculoventricular. Pueden utilizarse en pacientes con y sin cardiopatía estructural.
  • Fármacos antiarrítmicos de clase III: son bloqueantes de canales de potasio. Los más utilizados son la amiodarona y el sotalol. La amiodarona es relativamente segura en pacientes con cardiopatía estructural, pero destaca por sus frecuentes y/o graves efectos secundarios a nivel extracardiaco, como la toxicidad tiroidea y pulmonar.
  • Fármacos antiarrítmicos de clase IV: son bloqueantes de canales de calcio. Los más utilizados son el verapamilo y el diltiazem. Como antiarrítmicos son débiles. Destacan sus propiedades bradicardizantes sobre el nodo sinusal y auriculoventricular. Pueden ser peligrosos en pacientes con depresión de la función contráctil cardiaca.

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